lunes, 25 de julio de 2011

A propósito de Amy Winehouse: Robert Johnson

La trágica notícia del suicídio de la cantante de soul tomó a todos por sorpresa, me incluyó. Amy Winehouse, una muchacha que volvió a posicionar el soul, ese verdadero R&B que hizo a muchas personas bailar en el siglo pasado. Desgraciadamente en Chile no llegó de tal manera a no ser con la llegada del rock, mis pensamientos nacen de mi experiencia como brasilero, la suerte de estar en un país donde la cultura negra no sólo se valora, se vive.

Mi encanto por la música negra ha sido desde pequeño junto a los discos de rock de Led Zeppellin de mi padre y el rap de Thaíde MC o el soul de Tim Maia lo el funk de Ed Motta, entre otros grupos partes de la "Black Music" brasilera, por lo cúal tengo un aprecio íntimo a la música de Amy, a pesar de no haber conocido su pequeña discografía en su totalidad hasta ahora que lanzan programas especiales en la radio como si fuera pan caliente. Es un aprecio sincero en el sentido de que es parte de mi infancia esos ritmos afroamericanos, esos síncopados armónicos inspirados desde un alma desgarrada. Y que alma más desgarrada que un auténtico latinoamericano que lucha por la equidad entre su gente, que trabaja como esclavo para pagar impuestos y jamás tener tiempo libre, siendo su mayor aficción la música que escucha cuando retorna a su hogar despúes de una hora de locomoción colectiva. Mi adolescencia y mi presente aún se siente conectado a la música negra, y es más. se siente a gusto.

Habia conocido su primer disco al mismo tiempo que intentaban posicionar a una como Joss Stone, otra inglesa cantante de soul que, a pesar de tener una voz privilegiada, está demasiado protegida por un gran grupo de músicos de la vieja escuela, y por los productores que avalan y resguardan la identidad musical de su artista. De alguna forma, Amy era distinta. Si, tenia productores que la catapultaron como una revelación pero con la intención de salvar su compañia disquera Island Records, pero tenia un sello própio donde ya la comparaban con Sarah Vaughan.

La vinculación entre un músico y el uso de estupefacientes o el alcohol es mundialmente conocido, siendo el tan aclamado "Club 27" el que ha iconizado - más que martirizado - a grandes músicos de la época dorada del rock como lo es Janis Joplin, Jim Morrison, Jimmi Hendrix y Brian Jones, entrando a dicho club el padre del grunge, Kurt Cubain. La "vanagloriorización", al vincularse con los medios, me hace posicionarme en el mundo de una manera extraña, por alabar el fallecimiento de ellos, no por desear que su deceso sino por sentirme proyectado en ellos: seres terrenales juveniles que llegaron al podio por mérito propio, por su originalidad y terminaron perdidos en su gran hazaña, en la aventura de sus vidas. Un sentimiento de proyección al ver jovenes, con poco conocimiento sobre de que se trata la vida, vivirla con una sabiduría a base de intuición más que conocimiento. Esa exposición mediática me hace sentirme como un maya al ver que una virgen o un joven guerrero lo decapitan para ofrecerlo como sacrificio. Es una sensación de asco y admiración a la vez.

Este Club de 27 dejaron un pequeño legado, pocas canciones que se resumen en una palabra: mundo, un mundo , su mundo. Prácticamente es una filosofía sin escribirse, tal vez escrita posteriormente como se hizo una Apología a Socrátes. Nós dicen como vivir. Pero ellos no fueron los primeros ni tampoco los únicos. Varios han existido desde que se inicio este ritmo americano, varios que tuvieron un destino nefasto después de vivir un siglo en unas cuantas décadas. Si puedo destacar a uno sólo, entre todos estos como el baterista de Led Zeppellin John Bohman, el gran trompetista del bebop Charlie "Bird" Parker, hago una gran refencia al abuelo de rock and roll: Robert Johnson.

Su legado se reduce a 29 canciones grabadas un par de años antes de su muerte en 1938. Su vida tal vez no tuvo tantos caos mediatico como los tuvieron estos 6 integrantes del Club 27, pero si una gran leyenda: Se dice que en una parte del Delta de Missisipi, cercano a Clarksdale, en la esquina de la carretera 61 con la 40, Robert Johnson vendió su alma al diablo a cambio de que tocará la guitarra como nadie más lo podría hacer. Un mito que entre los bluseros era parte del entrenamiento inicial.

«Para aprender a tocar todo lo que quieras y componer tus propias canciones, tienes que llevar tu guitarra a un cruce de caminos, al lugar donde dos caminos se cortan. Ve allí y asegúrate de estar en el sitio preciso antes de la medianoche; entonces, coge la guitarra y toca algo tuyo. Un hombre grande y negro irá hasta allí, cogerá tu guitarra y tocará para ti, hará sonar tu canción y te devolverá la guitarra. De esta forma aprendí todo lo que necesito para tocar».Tommy Jonhson, otro músico de la época.

Se dice que aprendió a tocar blues en su errante vagabundeo después de la trágica muerte de su esposa y su hijo. La gran resultante de ello es una técnica que posteriormente vendría a inspirar a grandes músicos que incluso harían covers (entre ellos Led Zeppellin y Los Rolling Stones, donde Keith Richards creía que las grabaciones eran realizadas por dos guitarristas) así como un albúm completo (Eric Clapton lanzaría en 2003 "Me and Mr. Johnson").

¿Que los conecta a ellos? No es solamente una vida de turbios incidentes vinculados a la bohemía. Tal vez lo religioso. Tal vez también vendieron sus almas. O simplemente ellos veían lo que otros no podían ver. Eckerman, contemporáneo de Nieztche, plantea que hay dos aristas de la creatividad de los artistas: los que esperan "una luz divina que los ilumine" y los que se evocan al trabajo meticuloso, casi cientifico, para lograr sus obras. Yo siempre me he declinado por la segunda posición y citó a un gran pintor, Pablo Picasso, que estaba de acuerdo con esa postura.

"La inspiración existe, pero te tiene que encontrar trabajando"

La leyenda de Robert Johnson hace pensar este vínculo entre lo religioso y el arte. Pero los integrantes del Club 27, incluída Amy Winehouse, se inspiraron en lo ya creado para hacer su música: Sólo "flotaron" en sus melodías para hacer grandes obras en una diminuta carrera. Dentro de este contexto puedo decir que celebro su muerte y agradezco a que haya dejado un mundo. así como celebro el fallecimiento de estos músicos, al igual que un maya en pleno sacrificio, pues fueron únicos. Tuvieron "cojones" para decirle al mundo que no sólo lo viejo tiene sabiduría, que la filosofía se hace no sólo a partir del conocimiento y que tiene que ver con una actitud, una predisposición, un espiritú. Y ellos cantaron desde el alma para nuestras almas, como es el blues que acoge a estas almas desgarradas, a mi alma latinoamericana.

El rock, el jazz, el soul tienen como una de sus fuentes, el blues. Sin Robert Johnson, posiblemente no hubiera influenciado a varios músicos del jazz y así dar rienda suelta a que exista el posterior y aclamado R&B en las decadas posteriores, como también el posterior nacimiento de la variante rock and roll, producto de la música negra y el country. Sin Robert Johnson, Jimmy Page, Jimmi Hendrix y otros virtuosos guitarristas no se hubierna iluminado. Sin Robert Johnson, Amy Winehouse no será recordada con el aprecio y respeto que le tengo ahora que he terminado de escuchar todas sus canciones. Si existe un Club 27, Robert Johnson es su padre fundador.